Encuentro los aeropuertos especialmente atractivos.
Sus rincones inmaculadamente luminosos, el sonido de las ruedas de cientos de valijas llenas de sueños y pesares, la voz clara que anuncia arribos y partidas sobre nuestras cabezas, las turbinas en las pistas y el murmullo de gente que llega y se va crean una atmósfera única. Sus terminales simbolizan el primer paso -o el último- en un camino lleno de experiencias nuevas; cada pasajero trae y se lleva un sinfín de historias y expectativas que los demás desconocen. Business or pleasure? No interesa; todos se vuelven iguales dentro de estas enormes cajas de concreto y cristal que nos lanzan a vivencias increíbles.
Desde este modesto aeropuerto virtual invito a los pasajeros a embarcarse con xNashh Airways en un vuelo sin escalas a los rincones de mi mente, tan compleja y única como cualquier otra.
Les deseo un vuelo agradable.

Nashh Kinney.

Thursday, October 21, 2010

No es un día más ~

 Nos despedimos en aquel tren, hasta las próximas navidades..
Tras un incómodo buceo entre hombros e indiferencia, logré pisar el andén y en cuestión de segundos me perdí entre la multitud automática; fue en vano tratar de voltear para ver como el último vagón en el que viajábamos empezaba a moverse de nuevo.. Logré vencer el imán de la estampida quedándome en un rincón, mis oídos comenzaron a acostumbrarse al sonido de los molinetes y los gritos de los vendedores a medida que los motores del tren se alejaban..
Poco a poco la estación fue muriendo otra vez, así que baje las escaleras, tiré el boleto, crucé la plaza mal iluminada, esquivé un par de coches mientras encendía un cigarrillo y me senté frente a las puertas cerradas del banco de la esquina a ver el circo de la hora pico: colectivos atiborrados, bocinazos hacia el paso a nivel (las barreras nunca se habían levantado), gente corriendo desesperada como si las baldosas estuvieran al rojo vivo..
Me llamó la atención la actitud pasiva y hasta resignada de un taxista que fumaba un cigarrillo apoyado contra su coche, viendo pasar cientos de posibles pasajeros,parecía pensar en algo importante..
Supongo que la ciudad suele llevarnos a esos pequeños lapsos de introspección. 
Le di una última y corta pitada al cigarrillo, que falleció en un charco cercano; el aroma de las garapiñadas comenzaba a abrirme el apetito. Me calcé la mochila en la espalda y, aprovechando que el semáforo acababa de cambiar a mi favor, comencé a cruzar la avenida mientras pensaba en todo lo que había hecho ese día, qe apenas empezaba a terminar.
No pude evitar sonreir como un chico y sentirme un idiota por eso.

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